FILOSOFÍA
FILOSOFÍA
domingo, 28 de diciembre de 2025
sábado, 27 de diciembre de 2025
jueves, 25 de diciembre de 2025
WU WEI
WU
WEI
1
Wu
wei es un concepto de la antigua filosofía
china que literalmente significa no actuar o no hacer , interpretado y
traducido de diversas maneras como falta de acción , inacción o acción sin
esfuerzo
2
En
el taoísmo , denota la naturaleza del Dao , lo que significa que si bien el Dao
(el camino, sendero o flujo de la naturaleza) es la fuente de toda existencia y
manifestación de todos los fenómenos, su esencia intrínseca sin forma es que
actúa o se mueve de una manera silenciosa, invisible, inefable, a menudo
desapercibida, que incluso puede parecer inmóvil y sin esfuerzo. En
consecuencia, los taoístas aspiran a vivir sus vidas en consonancia con ese
estado armonioso de actividad fluida y sin esfuerzo. En un contexto político,
también se refiere a una forma ideal o principio de gobierno espontáneo y no
agresivo.
3
Wu
wei aparece como una idea ya en el período de Primavera y Otoño , con ejemplos
literarios tempranos en el Clásico de la poesía . Se convirtió en un concepto importante en las
Analectas confucianas , vinculando una ética confuciana de moralidad práctica a
un estado del ser que armoniza la intención y la acción. Se convertiría en un concepto central en el
arte de gobernar legalista y el taoísmo , en el taoísmo como un concepto que
enfatiza la alineación con el Dao natural en acciones e intenciones, evitando
la fuerza o la prisa contra el orden natural.
4
El
sinólogo Jean François Billeter describe el wu-wei como un "estado de
perfecto conocimiento (comprensión) de la coexistencia de la situación y el
perceptor, de perfecta eficacia y de la realización de una perfecta economía de
energía".
(Wikipedia)
domingo, 14 de diciembre de 2025
"La vejez natural es debilidad, pero la vejez espiritual es su madurez perfecta"
Hegel,
el filósofo indispensable: "La vejez natural es debilidad, pero la vejez
espiritual es su madurez perfecta"
Hegel,
uno de los grandes pensadores, nos invita a hacer una segunda lectura de
nuestra propia vida. La vida interior no tiene que hundirse al mismo ritmo que
el cuerpo se deteriora. Al contrario, en la madurez alcanza su plenitud.
Pablo
Cubí del Amo
Periodista
especializado en actualidad, bienestar y estilo de vida
12
de diciembre de 2025 · 20:00
Hegel
Si
te hablan de Hegel, quizá pienses en tomos imposibles, frases interminables y
una fama de filósofo duro. Hegel no es un autor fácil, eso no lo va a negar
nadie. Sin embargo, en medio de toda esa maquinaria conceptual, hay también
reflexiones sencillas e inspiradoras.
Entrar
a fondo en la obra de este filósofo alemán, figura clave del idealismo, no es
tarea de este artículo. Pero vamos a abordar una de sus grandes obsesiones, el
espíritu, porque nos da consejos muy útiles de crecimiento personal.
No
es el espíritu entendido como espectro o alma, sino como la suma de nuestra
vida consciente, nuestra cultura y nuestra historia. Es decir, vamos a hablar
de quiénes somos en verdad. Para él, el espíritu tiene infancia, juventud,
madurez y vejez. Es como el cuerpo. Pero funciona a un ritmo muy diferente.
Hegel
y la historia del hombre
Por
aportar una pincelada histórica, diremos que Hegel, que vivió la revolución
francesa, las guerras napoleónicas y la reorganización de Europa, se hizo
famoso por aportar la idea de conflicto a la filosofía.
Su
manera de entender la realidad como un proceso: nada está quieto, todo se mueve
dialécticamente, a través de conflictos y superaciones. La famosa idea de
dualidad hegeliana.
Respecto
al espíritu del hombre, el geist alemán, plantea que es una entidad que va
creciendo en nosotros, pero no en la misma forma que lo hace el cuerpo. Es al
contrario.
—0—
Thich
Nhat Hanh, filósofo y maestro budista: “Para ser feliz tienes que dejar de
culpar a los demás de lo que te pasa".
—0—
"La
vejez natural es debilidad, pero la vejez espiritual es su madurez perfecta",
nos dice. Esta frase, que se ha hecho célebre, procede de Lecciones sobre la
filosofía de la historia. No es una obra escrita por él en sí, sino que son
apuntes que recogieron estudiantes y que se publicaron tras su muerte.
Hegel
lo utilizaba para hablar de historia. Creía que el momento del mundo
germánico-cristiano, en el que vivía, había llegado por fin a su plenitud. Tras
guerras e imperios, el hombre ata cabos y se entiende mejor a sí mismo.
La
sabiduría que hay en la vejez
Si
lo traducimos a lenguaje de ahora, Hegel nos está diciendo que el cuerpo
envejece y se debilita. Eso es inevitable: tenemos menos energía, nos duelen
las articulaciones, perdemos vista. Nada de eso tiene por qué pasar en la
“vejez de espíritu”.
En
la vejez podemos encontrar los momentos de mayor lucidez, cuando todo lo vivido
encaja de otra manera. Todos vamos acumulando años, cicatrices, cambios de
opinión.
—0—
Qué
quería decir el filósofo David Hume al afirmar: "La razón debe ser esclava
de las pasiones"
—0—
La
idea hegeliana sugiere que ahí puede haber algo más que desgaste: la
posibilidad de una segunda lectura de nuestra propia vida, más serena, más
integrada, menos esclava del “tengo que demostrar cosas”.
Lo
importante no es solo cuánto aguanta el cuerpo, sino qué haces con todo lo que
has vivido. Puedes alcanzar una comprensión más honda de todo el camino
recorrido.
Europa
como reserva moral
Vamos
al sentido original de la frase. Hay que recordar que Hegel nos hablaba desde
la historia. Hegel decía que también las sociedades tienen edad. El filósofo
hacía su análisis para explicar una vieja Europa en declive. ¿Te suena actual
la definición?
Sin
embargo, esa Europa podía haber llegado a su apogeo “espiritual”, es decir,
moral. La historia no le dio la razón. Europa volvió a caer en guerras
fratricidas. Pero hoy nos vuelve a apelar. ¿Es esta “vieja Europa” el último
baluarte de la moral, de los derechos humanos, de la democracia? Somos lo que
Ghandi en India.
Francesc
Miralles: "La mayoría de nuestras preocupaciones son fantasías dolorosas
sobre lo que podría pasar"
Francesc
Miralles
Cuando
discutimos sobre si Europa o todo Occidente está en decadencia, repetimos el
debate hegeliano. Para él, las culturas pasan por fases: entusiasmo
juvenil, rigidez imperial, crisis… La cuestión es si ese ocaso es pura
ruina o puede ser una oportunidad para volverse más consciente y más libre.
Solo
la misma Historia podrá contestar con el tiempo si somos mejores que
imperialismos, dirigentes dictatoriales y el poder del más fuerte. O, por el
contrario, nuestro espíritu colectivo de democracia y respeto a los derechos
humanos era una hipocresía y nuestra moral no es mejor que la de otros pueblos.
Cómo
aplicar esa “vejez espiritual”
Pero
vamos a pensar de una manera más práctica y personal en la frase de Hegel. Si
seguimos saliendo del siglo XIX y lo miramos desde hoy, el mensaje se puede
leer casi como un consejo vital:
No
todo declive es pura pérdida. Hegel nos apunta que hay etapas en las que, desde
fuera, todo parece “a la baja”, pero que pueden ser también momentos de
claridad. La pregunta no es solo “cuánto aguantamos”, sino “qué hemos
aprendido”.
Madurar
no es repetir la juventud con canas. La “vejez
espiritual” no consiste en intentar ser eternamente joven, sino en integrar la
propia historia, con sus fracasos, culpas y decisiones. Hegel diría que el
espíritu madura cuando no huye de sus contradicciones, sino que las asume y las
transforma.
Quedémonos
con estas ideas. Y en cuanto a la historia, apliquémonos en votar en conciencia
a quien creamos que representan mejor esos valores morales de Europa.
domingo, 7 de diciembre de 2025
LA FELICIDAD
LA
FELICIDAD SEGÚN VARIOS FILÓSOFOS.
Celia
Pérez León
Redactora
especializada en estilo de vida, bienestar y cultura
1
Los
grandes filósofos de la historia coinciden sobre dónde hallar la felicidad: “Es
imposible encontrarla en ningún otro lugar”
La
filosofía puede orientarnos en un mundo en el que poseemos pocas certezas, en
especial si hablamos de aquellos grandes filósofos que han acompañado a la
humanidad a lo largo de toda la historia. Y una de sus mayores lecciones es un
mapa emocional que nos conduce hacia la felicidad.
2
Cuando
uno estudia filosofía se encuentra con una revelación curiosa. En lugares
distintos del mundo, casi al mismo tiempo, personas muy diferentes llegaban a
conclusiones similares sobre la felicidad. Incluso la sabiduría oriental y la
filosofía occidental, que tanto se ha insistido académicamente en separar,
encuentran puntos comunes.
3
Lo
descubrimos, por ejemplo, al estudiar a Buda y a Aristóteles. O a
Confucio y Epicteto. Separados por siglos y kilómetros, sin un acceso a
internet que los conectase, sus ideas acaban viéndose entrelazadas en la
historia.
Cuando
esto sucede, es fácil llegar a la conclusión de que algo especial se esconde en
sus enseñanzas. Son lecciones transversales, que sobreviven al tiempo y al
espacio, y que se revelan ante aquellos que se atreven a reflexionar, a aceptar
la verdad y a mirar el mundo sin contarse mentiras. Son esas certezas, esas
lecciones ancestrales, las que en este presente tan incierto pueden guiarnos
hacia la felicidad.
4
Una
de esas grandes lecciones, con la que comenzamos este viaje y que abarca todas
las enseñanzas que podemos extraer de otros tantos filósofos, nos la dejó Schopenhauer.
El filósofo del pesimismo nos dijo: "Es difícil encontrar la felicidad
dentro de uno mismo, pero es imposible encontrarla en ningún otro lugar".
Así, este viaje a través de la filosofía es, en cierta medida, un viaje hacia
el centro de uno mismo.
5
Reflexionar
sobre la felicidad, su origen, forma y definición ha sido tarea de la filosofía
desde el comienzo de los tiempos. Ya Confucio, en el siglo VI
a.C., nos dejó algunos proverbios y frases que adivinan lo que otros
confirmaron con el tiempo. La felicidad no es una emoción temporal, no es como
la alegría, fugaz e intensa. Es algo más profundo, algo imperecedero que se
instala en aquel que aprende a buscarla en los lugares indicados. El resultado
de una actitud correcta ante las circunstancias.
Y
es que, si la felicidad debe ser imperecedera, no puede depender jamás de
aquello que permanece ajeno a nuestro control. La felicidad, por tanto, nos
pertenece, y depende de nuestra actitud ante la vida.
“Solo
puede ser feliz siempre, aquel que sabe ser feliz con todo”, escribió el
pensador chino. Con esta sencillez puso sobre la mesa uno de los debates
eternos de la humanidad, y que sin duda ha acabado corroborándose en el
presente.
6
Si
Confucio nos advertía que la felicidad se reserva en exclusiva para aquel que
sabe ser feliz con todo, Epicteto, nacido casi 500 años después,
daba un giro nuevo a la idea. “No pretendas que las cosas sucedan como tú
quieres, desea que sucedan como suceden y serás feliz”, dijo el filósofo
latino.
La
clave no es, por tanto, contentarse con lo que sucede, sino amar al destino. ‘Amor
fati’, esa fue una de las grandes lecciones de los estoicos.
Estos
pensadores nos advertían que, en realidad, no conocemos el futuro. No podemos
saber si lo que hoy nos parece trágico, mañana acabará convirtiéndose en motivo
de alegría. Y en cualquier caso, incluso en la más compleja de las
circunstancias, contamos siempre con nuestra actitud para salir adelante.
Podemos convertir las adversidades en lecciones, saliendo así fortalecidos.
La
lección de Epicteto para hallar la felicidad es, por tanto, aprender a amar el
destino. Aceptarlo, suceda lo que suceda, creyendo firmemente que era lo mejor
que podía suceder.
Para
poder aplicarnos en la enseñanza de Epicteto debemos vencer a uno de los
grandes enemigos de la felicidad, según todos los grandes pensadores de la
historia: el deseo. Nuestros deseos nos alejan de esa actitud estoica que
acepta sin más las circunstancias, y que nos recomendaban los dos pensadores
mencionados.
8
Este
giro lo introduce, por ejemplo, Jean-Paul Sartre, filósofo existencialista, en
alguno de sus estudios. “La felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino
querer lo que uno hace”, sentencia el pensador.
Su
mensaje era potente. Somos esclavos de nuestras heridas y de nuestro deseo, en
tanto no seamos conscientes de que impulsan nuestras acciones. Esta toma de
conciencia, reconocer que nuestra voluntad puede verse sometida a nuestra
emocionalidad, nos permite liberarnos. Y la forma de hacerlo es comprender que
todo aquello que haces y crees aborrecer, es en realidad una elección libre.
9
La
última lección vital de Oscar Wilde: "La humildad es lo último
que me queda y el mejor descubrimiento. El punto de partida de un camino
nuevo"
Así,
ir a trabajar puede ser algo que no te apetezca, algo que no obedece a tu
deseo. Pero eres consciente de los beneficios que te reporta a largo plazo
dicha acción, y de esa manera, sometes al deseo y te haces libre. Puedes dejar
de decir “tengo que ir a trabajar” y puedes empezar a decir “quiero ir a
trabajar”. Porque comprender que tu voluntad es superior al deseo, y sabes que
eres responsable de tu propia felicidad.
Sobre
la teoría, los filósofos occidentales son grandes maestros. Sobre la práctica,
nada como el budismo para aprender a conectar. Y es que todo lo que nos
presentan los anteriores pensadores nos lleva a un punto común, que comienza a
dibujarse como ese espacio imaginario en el que se esconde la felicidad: el
presente.
10
“El
momento presente está lleno de alegría y felicidad, pero no lo ves porque no
estás atento”, escribe el maestro budista Thich Nhat Hanh al
respecto. Aceptar el presente, amar el destino, tomar valor de nuestras
acciones… Todo ello nos lleva directos hacia una verdad poderosa: la felicidad
se encuentra siempre en el presente.
Es
la meditación, la práctica contemplativa, la que nos permite conectar con el
presente en toda su extensión. Y así descubriremos que la felicidad está en el
placer de compartir y experimentar, poniendo los cinco sentidos en ello.
11
Sobre
esta práctica contemplativa nos habla también Byung-Chul Han, a
quien podemos considerar ya como uno de los grandes filósofos de la historia.
En su Vida contemplativa, el pensador arremete contra otra gran filósofa del
pasado, Hannah Arendt. “La felicidad no tiene que ver con una vida activa, como
decía Hannah Arendt, tiene que ver con una vida contemplativa”, sentencia el
surcoreano.
La
vida contemplativa es para Byung-Chul Han una forma de revolución silenciosa en
el presente. En un mundo sobresaturado de acción, información y exigencias,
para huir del deseo y de la cultura del “sí puedo”, que nos vuelve esclavos de
la productividad, el pensador nos propone volver a la contemplación.
La
contemplación es ese tiempo libre de exigencias, ese espacio en el que los
minutos suceden sin que nada los ocupe. Y podría ser el verdadero secreto para
conectar con el presente, para tener el tiempo de tomar conciencia de nuestras
acciones, para amar el destino y, por supuesto, ubicarnos en ese espacio de
aceptación total en el que Confucio afirmaba que podemos ser felices para
siempre.