MIPHILOSOFIA
FILOSOFÍA
FILOSOFÍA
domingo, 22 de marzo de 2026
domingo, 15 de marzo de 2026
¿POR QUÉ FAUSTO LE VENDIÓ EL ALMA AL DIABLO?
¿POR
QUÉ FAUSTO LE VENDIÓ EL ALMA AL DIABLO?
Edgardo
Rafael Malaspina Guerra
1
Fausto
(1808-1832) de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) trata de dilucidar la
relación entre el bien y el mal.
Las
dos partes del Fausto son muy confusas, hasta el punto que Harold Bloom en su
polémica obra El canon occidental (1994) dice que Heidegger escribe clarísimo
en comparación con Goethe.
Digresión: El filósofo argentino Mario Bunge dijo: “Las frases
de Heidegger son las propias de un esquizofrénico. Se llama esquizofasia. Es un
desorden típico del esquizofrénico avanzado”.
La
primera parte es entendible, pero la segunda es laberíntica, grotesca y alocada, tal vez por aquello que dijo Cervantes cuando
supo sobre la publicación del Quijote de Avellaneda: “Segundas partes nunca
fueron buenas”.
2
Al
inicio, Fausto es un pensador de alto vuelo que diserta así: “¡Ah! Filosofía, jurisprudencia, medicina y
hasta teología, todo lo he profundizado con entusiasmo creciente, y ¡heme aquí,
pobre loco, tan sabio como antes!”. Pero luego pierde la cabeza por las
mujeres.
Fausto
quiere sentir nuevamente la pasión que solo otorga la juventud, y por eso le
vende su alma a Mefistófeles (el Diablo) a través de un pacto firmado con
sangre y beber un elixir en la "Cocina de la bruja".
Cuando
se enamora locamente de Margarita, se aferra más a Satanás para conquistar a la
niña. Margarita no pasaba de quince años, mientras que Fausto era cincuentón.
Esto sucede en la primera parte.
3
En
la segunda parte, Fausto, con casi cien años de edad, se enamora de Helena (24
años); y entiende que necesita mucho más de los recursos potenciadores de
Mefistófeles.
Es
claro que, si en aquel tiempo hubiese existido la viagra, Fausto no le hubiese
vendido su alma al Diablo.
4
Con
esta sencilla explicación se acaban doscientos años de discusiones estériles
entre los grandes expertos, filósofos, literatos sobre las razones que
impulsaron la conducta de Fausto.
La navaja de Occam se impone nuevamente.
martes, 24 de febrero de 2026
PSICOLOGÍA DE MASAS Y ANÁLISIS DEL YO (1921).
PSICOLOGÍA DE MASAS Y
ANÁLISIS DEL YO (1921).
1
Psicología de las masas y
análisis del yo de Freud (1921) explica que la masa se forma por lazos
libidinales, donde los individuos sustituyen su ideal del yo por un objeto
común (líder o idea), lo que lleva a identificarse entre sí y a la regresión a
estados primitivos, revelando el papel del Superyó y la conexión con la horda
primordial, mostrando que el amor y la identificación son la base de la
cohesión social, no solo un "instinto gregario".
2
Un individuo en una masa
pierde su personalidad consciente y se deja llevar por impulsos y emociones
colectivas, volviéndose irracional y primitivo:surge un "alma
colectiva".
3
El Papel del Líder y el
Ideal del Yo: Lazos Libidinales: Lo que une a la masa es el amor (libido), que
liga a los miembros entre sí y con el líder.
4
Identificación: Los
miembros ponen el mismo objeto (el líder o una idea) en el lugar de su Ideal
del Yo (la parte de la psique que contiene los ideales y aspiraciones).
5
Enamoramiento e Hipnosis:
Freud compara la relación del individuo con el líder con el enamoramiento y la
hipnosis, donde el yo se subordina al objeto o líder, perdiendo la crítica y
sumisión.
6
Superyó: La figura del
líder o ideal del yo se convierte en una instancia superyoica para los
miembros, que obedecen ciegamente, como en la religión o el ejército (masas
artificiales).
Ello: Los instintos
reprimidos emergen en la masa, liberando impulsos destructivos y primitivos.
Yo: El Yo individual se
empobrece o se modifica, adoptando características del objeto amado (el
líder/ideal).
7
La Horda Primordial:
El origen de esta
dinámica se remonta a la horda primitiva, donde los hijos temían y amaban a un
padre tiránico, sentando las bases para la formación de líderes y la
organización social.
8
Freud argumenta que la
formación de masas revela mecanismos psíquicos fundamentales: la identificación
con un ideal compartido (líder/idea), el debilitamiento de las funciones
críticas del yo y el surgimiento de pulsiones primitivas, explicando la
dinámica de grupos a través de la libido y la estructura tripartita de la mente
(Yo, Ello, Superyó).
9
Frases y párrafos:
I
La
multitud es extraordinariamente influenciable y crédula. Carece de sentido
crítico y lo inverosímil no existe para ella. Piensa en imágenes que se enlazan
unas a otras asociativamente, como en aquellos estados en los que el individuo
da libre curso a su imaginación sin que ninguna instancia racional intervenga
para juzgar hasta qué punto se adaptan a la realidad sus fanta- sías. Los
sentimientos de la multitud son siempre simples y exaltados. De este modo, no
conoce dudas ni incertidumbres.
Las multitudes llegan
rápidamente a lo extremo. La sospecha enunciada se transforma ipso facto en
indiscutible evidencia. Un principio de antipatía pasa a constituir, en
segundos, un odio feroz.
II
Si
queremos formarnos una idea exacta de la moralidad de las multitudes, habremos
de tener en cuenta que en la reunión de los individuos integrados en una masa,
desaparecen todas las inhibiciones individuales, mientras que todos los
instintos crue- les, brutales y destructores, residuos de épocas primitivas,
latentes en el individuo, despiertan y buscan su libre satisfacción.
III
Libido
es un término perteneciente a la teoría de la afectividad. Designamos con él la
energía considerada como magnitud cuantitativa, aunque por ahora no mensurable-
de los instintos relacionados con todo aquello susceptible de ser comprendido
bajo el concepto de amor.
IV
Creemos,
pues, que con la palabra «amor», en sus múltiples acepciones, ha creado el
lenguaje una síntesis perfectamente justificada y que no podemos hacer nada
mejor que tomarla como base de nuestras discusiones y exposiciones científicas.
V
El
«Eros» de Platón presenta, por lo que respecta a sus orígenes, a sus
manifestaciones y a su relación con el amor sexual una perfecta analogía con la
energía amorosa, esto es, con la libido.
VI
La
Iglesia y el Ejército son masas artificiales, esto es, masas sobre las que
actúa una coerción exterior encaminada a preser- varlas de la disolución y a
evitar modificaciones de su estructura.
VII
En
la Iglesia -y habrá de sernos muy ventajoso tomar como nuestra la Iglesia
católica- y en el Ejército, reina, cualesquiera que sean sus diferencias en
otros aspectos, una misma ilusión: la ilusión de la presencia visible o
invisible de un jefe (Cristo, en la iglesia católica, y el general en jefe en
el Ejército), que ama con igual amor a todos los miembros de la colectividad.
De esta ilusión depende todo, y su desvanecimiento traería consigo la
disgregación de la Iglesia o del Ejército, en la medida en que la coerción
exterior lo permitiese. El igual amor de Cristo por sus fieles todos, aparece
claramente expresado en las palabras:
«De
cierto os digo, que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos
pequeñitos, a mí lo hicisteis». Para cada uno de los individuos que componen la
multitud creyente, es Cristo un bondadoso hermano mayor, una sustitución del
padre. De este amor de Cristo se derivan todas las exigencias de que se hace
objeto al individuo creyente, y el aliento democrático que anima a la Iglesia
depende de la igualdad de todos los fieles ante Cris- to y de su idéntica
participación en el amor divino.
VIII
La
disgregación de una masa religiosa resulta ya más difícil de observar.
Recientemente, he tenido ocasión de leer una novela inglesa de espíritu
católico y recomendada por el obispo de Londres -«When it was dark»-, en la que
se describe, con tanta destreza a mi juicio, como exactitud, una tal
eventualidad y sus consecuencias. El autor imagina una conspiración, urdida en
nuestros días, por enemigos de la persona de Cristo y de la fe cristiana, que
pretenden haber conseguido descubrir en Jerusalén un sepulcro con una
inscripción en la cual confiesa José de Arimatea haber substraído, por razones
piadosas, tres días después de su entierro, el cadáver de Cristo; trasladándolo
de su primer enterramiento a aquel otro. Este descubrimiento arqueológico
significa la ruina de los dogmas de la resurrección de Cristo y de su
naturaleza divina y trae consigo la conmoción de la cultura europea y un
incremento extraordinario de todos los crímenes y violencias, hasta el día en
que la conspiración tramada por los falsarios es descubierta y denunciada.
IX
PARÁBOLA
DE LOS PUERCOESPINES DE SCHOPENHAUER.
Intentaremos
representarnos cómo se comportan los hombres mutuamente desde el punto de vista
afectivo. Según la célebre parábola de los puercoespines ateridos (Schopenhauer
«Parerga und Paralipomena», 2a parte, XXXI, «Gleichnisse und Parabeln») ningún
hombre soporta una aproximación demasiado íntima a los demás.
«En
un crudo día invernal, los puercoespines de una manada se apretaron unos contra
otros para prestarse mutuo calor. Pero al hacerlo así, se hirieron
recíprocamente con sus púas, y hubie- ron de separarse. Obligados de nuevo a
juntarse, por el frío, volvieron a pincharse y a distanciarse. Estas
alternativas de aproximación y alejamiento duraron hasta que les fue dado ha-
llar una distancia media en la que ambos males resultaban mitigados».
X
La
identificación es conocida al psicoanálisis como la manifes- tación más
temprana de un enlace afectivo a otra persona, y desempeña un importante papel
en la prehistoria del complejo de Edipo. El niño manifiesta un especial interés
por su padre; quisiera ser como él y reemplazarlo en todo. Podemos, pues,
decir, que hace, de su padre, su ideal. Esta conducta no repre- senta, en
absoluto, una actitud pasiva o femenina con respecto al padre (o al hombre en
general), sino que es estrictamente masculina y se concilia muy bien con el
complejo de Edipo, a cuya preparación contribuye.
XI
La
sustitución del objeto abandonado o perdido, por la identificación con él, o
sea la introyección de este objeto en el Yo, son hechos que ya conocemos,
habiendo tenido ocasión de observarlos directamente en la vida infantil. Así,
la «Internatio- nale Zeitschrift für Psychoanalyse» ha publicado recientemente
el caso de un niño, que entristecido por la muerte de un gatito, declaró, a
poco, ser él ahora dicho animal y comenzó a andar en cuatro patas, negándose a
comer en la mesa, etc.
XII
En
un cierto número de casos, el enamoramiento no es sino un revestimiento de
objeto por parte de los instintos sexuales, revestimiento encaminado a lograr una
satisfacción sexual directa y que desaparece con la consecución de este fin.
XIII
El
amor sensual está destinado a extinguirse en la satisfacción. Para poder durar,
tiene que hallarse asociado desde un principio a componentes puramente tiernos,
esto es, coartados en sus fines, o experimentar en un momento dado, una
transposición de este género.
XIV
La
masa se nos muestra, pues, como una resurrección de la horda primitiva. Así
como el hombre primitivo sobrevive virtualmente en cada individuo, también toda
masa humana puede reconstituir la horda primitiva. Habremos, pues, de deducir,
que la psicología colectiva es la psicología humana más antigua.
XV
En
los albores de la historia humana, fue el padre de la horda primitiva el
superhombre cuyo advenimiento esperaba Nietzsche en un lejano futuro.
XVI
El
mito constituye el paso con el que el individuo se separa de la psicología
colectiva. El primer mito fue seguramente de orden psicológico, el mito del
héroe. El mito explicativo de la Naturaleza no surgió sino más tarde. El poeta
que dio este paso y se separó así, imaginativamente, de la multitud, sabe, sin
embargo, hallar, en la realidad, según otra observación de Rank, el retorno a
ella, yendo a relatar a la masa las hazañas que su imaginación atribuye a un
héroe por él inventado, héroe que en el fondo, no es sino él mismo. De este
modo, retorna el poeta a la realidad elevando a sus oyentes a la altura de su imaginación.
martes, 17 de febrero de 2026
Как человек понимает, что жизнь подходит к концу: точный ответ Виктории Токаревой
Как человек понимает, что жизнь подходит к концу: точный
ответ Виктории Токаревой
Тема конца жизни всегда окружена страхами и недомолвками.
Люди боятся даже думать об этом, отгоняют мысли, надеются, что их это минует.
Но писательница Виктория Токарева нашла удивительно точные и при этом спокойные
слова о том, как природа готовит человека к финалу. В её наблюдениях нет ужаса,
есть только мудрость и принятие. Она сравнивает угасание с тем, как после
спектакля в театре постепенно гасят свет: сначала на сцене, потом в зале, потом
в фойе и наконец в гардеробе. Это происходит не вдруг, а постепенно, давая
время привыкнуть и осознать.
Сначала уходит азарт
Первый признак того, что жизнь начинает сворачиваться, —
это потеря интереса к борьбе и достижениям. Человек, который раньше рвался
что‑то доказывать, спорить, покорять вершины, вдруг замечает, что всё это
перестало его зажигать. Ему больше не хочется участвовать в гонке, не
интересно, кто кого обогнал, кто получил премию, кто куда поехал.
Это не депрессия и не усталость. Это просто внутреннее
понимание, что твой спектакль уже сыгран. Свет на сцене гаснет, и ты остаёшься
в тишине. Такое состояние трудно объяснить тем, кто ещё в гуще событий. Они
могут подумать, что человек сдался или опустил руки. Но на самом деле это
естественный этап, когда внешние стимулы перестают работать.
Мир сужается до самого важного
Следующий этап — изменение отношения к людям. Круг
общения резко сужается. Шумные компании, десятки знакомых, обязательные встречи
ради приличия — всё это уходит. Остаются только самые близкие, те, с кем можно
просто помолчать рядом. Остальные становятся не нужны, и это не из‑за обиды или
гордыни, а потому что на них уже нет сил.
Человек словно переходит на другой режим работы. Ему
важен покой, тишина, отсутствие лишних разговоров. Внешний мир с его новостями
и событиями превращается в шум за окном, который можно не слушать. Это похоже
на то, как в театре гасят свет в зале — остаётся лишь небольшое освещение,
чтобы можно было выйти.
Тело становится главным собеседником
С возрастом меняется отношение к собственному организму.
Раньше на него не обращали внимания, если оно не мешало. Теперь же любой сигнал
— боль, усталость, странное ощущение — воспринимается как важное сообщение.
Человек начинает прислушиваться к себе так, как никогда раньше.
В этом нет паники, просто трезвое понимание, что ресурс
конечен. Тело больше не безотказный инструмент, а почти живой собеседник,
который сообщает о своём состоянии. В тёмном фойе слышен каждый шаг, каждый
скрип. И это становится новой реальностью, к которой нужно привыкнуть.
Последний свет в гардеробе
Самый удивительный этап — это когда ценность обретают
простые, мимолётные вещи. Тепло чашки в руках, луч солнца на полу, запах мокрой
земли после дождя, вкус яблока. То, что раньше проходило незамеченным, вдруг
наполняется огромным смыслом.
Жизнь сжимается до точки «здесь и сейчас». Человек уже не
строит планы на годы вперёд, не мечтает о далёких путешествиях. Ему важно то,
что происходит прямо сейчас. И в этом есть удивительная полнота, которую не
знают молодые, вечно спешащие куда‑то люди.
Токарева называет это последним светом в гардеробе, когда
горит только одна лампочка над твоим пальто. Это не страшно и не грустно. Это
просто завершение долгого дня, когда можно наконец выдохнуть и оглянуться.
Природа мудра
Всё это происходит не вдруг. Природа не выключает свет
резко, она делает это постепенно, давая привыкнуть. Сначала уходит суета, потом
лишние люди, потом острота переживаний. Остаётся только самое главное, самое
настоящее.
И в этом есть свой покой. Человек перестаёт бояться,
потому что понимает: всё идёт так, как должно идти. Он не одинок, он просто
движется по естественному пути, который прошли до него миллионы.
Может быть, поэтому в глазах старых людей иногда светится
такая ясность. Они видят то, что мы, в своей беготне, не замечаем. И если
прислушаться, можно услышать от них не жалобы, а тихую благодарность за каждый
прожитый день.
martes, 20 de enero de 2026
EL MALESTAR EN LA CULTURA (1930)
EL
MALESTAR EN LA CULTURA (1930)
ERMG
El
malestar en la cultura Este trabajo, en
conjunto con Psicología de las masas y análisis del yo que
había escrito en 1921, se reconoce entre las obras más relevantes de Freud en
el área de la psicología social y se considera uno de los textos críticos más
influyentes del siglo XX en ciencias sociales.
Temas:
1. El
antagonismo existente entre las exigencias pulsionales y las restricciones
impuestas por la cultura. Es decir, una contradicción entre la cultura y las
pulsiones donde rige lo siguiente: mientras la cultura intenta instaurar
unidades sociales cada vez mayores, restringe para ello el despliegue y la
satisfacción de las pulsiones sexuales y agresivas, transformando una parte de
la pulsión agresiva en sentimiento de culpa. Por eso, la cultura genera
insatisfacción y sufrimiento. Cuanto más se desarrolla la cultura, más crece el
malestar.
2. El
tema central del Malestar en la cultura es la culpa.
3. La
pulsión de destrucción.
4. Concepto
de alibido.
5. El
instinto-objeto del “eros” y el instinto-ego del “thanatos” (muerte en griego).
6. La vida y la civilización nacen y se
desarrollan a partir de una eterna lucha entre estas dos fuerzas
interpersonales de amor y odio.
7. El
sometimiento de la civilización a las necesidades económicas, que imponen un
pesado tributo tanto a la sexualidad como a la agresividad, a cambio de un poco
de seguridad.
1
Las
satisfacciones sustitutivas, como nos la ofrece el arte son, frente a la realidad,
ilusiones, pero no por ello menos eficaces psíquicamente, gracias al papel que
la imaginación mantiene en la vida anímica
2
Quien
posee Ciencia y Arte también tiene Religión; quien no posee una ni otra,¡tenga
Religión!
3
La
ligera narcosis en que nos sumerge el
arte sólo proporciona un refugio fugaz ante los azares de la existen- cia y
carece de poderío suficiente como para hacernos olvidar la miseria real.
4
En
un momento determinado, todos llegamos a abandonar, como ilusiones, cuantas
esperanzas juve- niles habíamos puesto en el prójimo; todos sufrimos la
experien- cia de comprobar cómo la maldad de éste nos amarga y dificulta la
vida.
5
Los
comunistas creen haber descubierto el camino hacia la redención del mal.
Según ellos, el hombre sería bueno de todo corazón, abrigaría las mejores
intenciones para con el prójimo, pero la institución de la propiedad privada
habría corrompido su naturaleza. La posesión privada de bienes concede a unos
el po- derío, y con ello la tentación de abusar de los otros; los exclui- dos
de la propiedad deben sublevarse hostilmente contra sus opresores. Si se
aboliera la propiedad privada, si se hicieran co-
munes
todos los bienes, dejando que todos participaran de su provecho, desaparecería
la malquerencia y la hostilidad entre los seres humanos. Dado que todas las
necesidades quedarían satis- fechas, nadie tendría motivo de ver en el prójimo
a un enemigo; todos se plegarían de buen grado a la necesidad del trabajo. No
me concierne la crítica económica del sistema comunista; no me es posible
investigar si la abolición de la propiedad privada es oportuna y conveniente;
pero, en cambio, puedo reconocer como vana ilusión su hipótesis psicológica. Es
verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana
uno de sus instrumentos, sin duda uno muy fuerte, pero de ningún modo el más
fuerte de todos. Sin embargo, nada se habrá modificado con ello en las
diferencias de poderío y de influencia que la agresivi- dad aprovecha para sus propósitos;
tampoco se habrá cambiado la esencia de ésta. El instinto agresivo no es una
consecuencia de la propiedad, sino que regía casi sin restricciones en épocas
primitivas, cuando la propiedad aún era bien poca cosa.
6
Entre
todas las nociones gradualmente desarrolladas por la teoría analítica, la
doctrina de los instintos es la que dio lugar a los más arduos y laboriosos progresos.
Sin embargo, representa una pieza tan esencial en el con- junto de la teoría
psicoanalítica que fue preciso llenar su lugar con un elemento cualquiera. En
la completa perplejidad de mis estudios iniciales, me ofreció un primer punto
de apoyo el afo- rismo de Schiller, el poeta filósofo, según el cual «hambre y
amor» hacen girar coherentemente el mundo. Bien podía consi- derar el hambre
como representante de aquellos instintos que tienden a conservar al individuo;
el amor, en cambio, tiende hacia los objetos: su función primordial, favorecida
en toda for- ma por la Naturaleza, reside en la conservación de la especie.
7
A
quienes creen en los cuentos de hadas no les agrada oír mentar la innata
inclinación del hombre hacia «lo malo», a la agresión, a la destrucción y con
ello también a la crueldad. ¿Acaso Dios no nos creó a imagen de su propia
perfección? Pues por eso nadie quiere que se le re- cuerde cuán difícil resulta
conciliar la existencia del mal - innegable, pese a todas las protestas de la
Christian Science- con la omnipotencia y la soberana bondad de Dios. El Diablo
aun sería el mejor subterfugio para disculpar a Dios, pues desempe- ñaría la
misma función económica de descarga que el judío cumple en el mundo de los
ideales arios.
8
Las
religiones, por lo menos, jamás han dejado de reconocer la importancia del
sentimiento de culpabilidad para la cultura, denominándolo «pecado» y
pretendiendo librar de él a la Humanidad, aspecto éste que omití considerar en
cierta ocasión.
9
El
super-yo es una instancia psíquica inferida por nosotros; la conciencia es una
de las funciones que le atribuimos, junto a otras; está destinada a vigilar los
actos y las intenciones del yo, juzgándolos y ejerciendo una actividad
censoria.
10
A
mi juicio, el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia
de si -y hasta qué punto- el desarrollo cultu- ral logrará hacer frente a las
perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y de
autodestrucción.
sábado, 17 de enero de 2026
martes, 13 de enero de 2026
TOTEM Y TABÚ.
Totem
y tabú deeSigmund Freud fue publicado en 1913. Consiste en la aplicación de
psiconálisis en la antropología. Consta de cuatro partes
1
La tesis central de este libro queda expresada
en la hipótesis de que existiría un origen común del totemismo y la exogamia,
determinados por el conflicto humano fundamental entre el deseo y la
prohibición.
2
La
cena totémica del padre asesinado simboliza también la internalización del
padre y de su autoridad o "ley". Así, la cultura y el Superyó
tendrían según la teoría freudiana un origen estructuralmente paralelo.
3
El
tótem es una figura que representa la unión de un grupo, no por lazos
consanguíneos, sino por pertenecer a la misma imagen totémica, que puede ser un
animal, una planta o una fuerza natural (rayo, fuego).
4
Temor
al incesto: en cada lugar donde rigen las costumbres del tótem, a los miembros
del clan se les prohíbe estrictamente mantener relaciones sexuales o casarse
entre ellos.
5
Tabú
y la ambivalencia de las emociones: Según Freud, el tabú corresponde en la
psiquis humana al Trastorno obsesivo-compulsivo, que es caracterizado por
prohibiciones, sobre todo por prohibiciones de contacto y que es la expresión
de un conflicto entre deseo y prohibición: donde hay una prohibición es porque
hay un deseo.
6
Los
tabús más antiguos establecen que el animal representado por el tótem no debe
ser cazado y las relaciones sexuales entre los miembros del clan del tótem
están prohibidas. Freud lo interpreta como la prohibición de los más antiguos
deseos de la raza humana: el asesinato y el incesto.
7
Animismo,
magia, y la omnipotencia de los pensamientos: a lo largo del desarrollo humano
se habrían formulado tres sistemas de pensamiento) para explicar
exhaustivamente el mundo: el animismo, la religión y la visión científica.
8
Sostiene
que en el animismo el ser humano se atribuye a sí mismo (a través de la magia)
la omnipotencia de los pensamientos, así como un niño puede imaginar que sus
deseos son cumplidos a través de la alucinaciones y que es similar a la manera
a como el neurótico imagina que lo que piensa y siente es efectivo sin importar
su coincidencia con la realidad. En la visión religiosa del mundo, la
omnipotencia de los pensamientos es atribuida a los dioses.
En
la tercera cosmovisión, la científica, el ser humano renuncia a su creencia en
la omnipotencia de los pensamientos, se adapta a la realidad y reconoce su
pequeñez.
9
El
animal representado no solo es venerado sino también odiado y temido.
10
Dios
es el padre asesinado: Al comienzo existió un padre violento y celoso que hizo
suyas todas las hembras y expulsó a sus hijos, los que por esa razón quedaron
con sentimientos contradictorios de odio y admiración hacia el padre. Unidos
mataron a golpes a su padre, con lo que dieron satisfacción a su odio por él, y
después lo comieron, consumando canibalísticamente la identificación de cada
uno de los hijos con su padre, lo que también trajo consigo el fin de las
rivalidades entre ellos. Tras ese logro les sobrevino el arrepentimiento y los
sentimientos de cariño por el deudo por lo que renegaron del acto. Declararon
inaceptable dar muerte al reemplazo del padre, el tótem, lo que condujo a la
prohibición de matar. También se abstuvieron de tomar a los frutos del acto
renunciando a las mujeres que habían quedado sin macho lo que condujo a la
prohibición del incesto y al precepto de la exogamia.
11
Expondré
aquí dos ejemplos de transmisión (o más bien de desplazamiento) de la
prohibición. Uno de ellos está tomado de la vida de los maorí y el otro de una
observación clínica de una de mis en- fermas, atacada de una neurosis obsesiva.
«Un
jefe maorí no intentará jamás reanimar el fuego con su aliento, pues su aliento
sagrado comunicaría su fuerza al fuego, el fuego a la vasija colocada sobre él,
la vasija a los alimentos que en ella cuecen, y los alimentos a la persona que
los consumiere, lo cual traería consigo la muerte de la per- sona que hubiere
comido los alimentos preparados en la vasija calentada sobre el fuego y
reanimado con el aliento del jefe, sagrado y peligroso».
Por
lo que a mi enferma respecta, exige que un objeto que su marido acaba de
comprar sea alejado de la casa, sin lo cual le será imposible residir en ella,
pues ha oído decir que dicho objeto ha sido comprado en una tienda situada, por
ejemplo, en la calle de los Ciervos. Ahora bien: una de sus ami- gas, que
reside en una lejana ciudad y a la que conoció en otros tiempos, de soltera, es
actualmente la señora de Ciervo. Esta amiga es hoy, para ella, imposible o
tabú, y el objeto comprado aquí en Viena resulta tan tabú como la amiga misma,
con la cual no quiere tener relación ninguna.
12
Toque
real:
b)El
tabú de los soberanos.- La actitud de los pueblos primitivos hacia sus jefes,
reyes y sacerdo- tes se halla regida por dos principios que parecen completarse
más que contradecirse. El súbdito debe preservarse de ellos y debe protegerlos.
Estos dos fines quedan cumplidos por medio de una multitud de prescripciones
tabú. Sabemos ya por qué es necesario preservarse de los señores: son
portadores de aquella fuerza mágica misteriosa y peligrosa que, como una carga
eléctrica, se comu- nica por contacto y determina la muerte y la perdición de
aquel que no se halla protegido por una carga equivalente. Por tanto, se evita
todo contacto directo o indirecto con la peligrosa santidad, y para aquellos
casos en los que este contacto no puede ser eludido, se ha inventado un
ceremonial destinado a alejar las consecuencias temidas. Así, los nubas del
África oriental creen que morirán si penetran en la casa de su rey-sacerdote,
pero que pueden escapar a este peligro si al entrar descu- bren su hombro
izquierdo y obtienen que el rey lo toque con su mano. De este modo se llega al
sin- gular resultado de que el contacto del rey se convierte en un medio de
curación y protección contra los males resultantes de dicho contacto mismo; mas
habremos de observar que el contacto curativo es el iniciado por el rey y
dependiente de su regia voluntad, mientras que el peligroso es el resultante de
la iniciativa del súbdito. Así, pues, la cualidad del contacto del rey se halla
condicionada por la actitud del súbdito -activa o pasiva- con respecto a la
regia persona.
Para
hallar ejemplos del poder curativo del contacto real no necesitamos buscarlos
entre los salvajes. En una época no muy lejana ejercían este poder los reyes de
Inglaterra para curar las escrófulas, que por tal razón eran llamadas the
king's evil (la enfermedad real). Ni la reina Isabel ni ninguno de sus
sucesores renunciaron a tal prerrogativa real, y se cuenta que Carlos I curó en
1633, de una sola vez, cien enfermos. Posteriormente, bajo el reinado de su
hijo Carlos II, el vencedor de la gran Revo- lución inglesa, alcanzó esta
curación de las escrófulas por el contacto del rey su más amplio floreci-
miento. Cuéntase, en efecto, que durante su reinado curó Carlos II a más de
cien mil escrofulosos. La afluencia de enfermos era tan grande, que varios de
ellos murieron una vez ahogados entre la multitud. El escéptico Guillermo III
de Orange, rey de Inglaterra, después de la expulsión de los Es- tuardos,
desconfiaba de la realidad de tal poder, y la única vez que consintió en ejercer
la regia fun- ción curativa lo hizo diciendo a los enfermos: «Que Dios os dé
mejor salud y os haga más razonables»
13
Arte,
religión y filosofía.
Nuestra
comparación entre el tabú y la neurosis obsesiva revela ya las relaciones
existentes entre las diversas formas de neurosis y las formaciones sociales y,
al mismo tiempo, la importancia que presenta el estudio de la psicología de las
neurosis para la inteligencia del desarrollo de la civilización.
Las
neurosis presentan, por una parte, sorprendentes y profundas analogías con las
grandes pro- ducciones sociales del arte, la religión y la filosofía, y, por
otra, se nos muestran como deformaciones de dichas producciones. Podríamos
casi decir que una histeria es una obra de arte deformada, que una
neurosis obsesiva es una religión deformada y que una manía paranoica es un
sistema filosófico deformado. Tales deformaciones se explican en último
análisis por el hecho de que las neurosis son formaciones asociales que
intentan realizar con medios particulares lo que la sociedad realiza por medio
del esfuerzo colectivo. Analizando las tendencias que constituyen la base de
las neurosis, hallamos que las tendencias sexuales desempeñan un papel
decisivo, mientras que las formaciones sociales a que antes hemos aludido reposan
sobre tendencias nacidas de una reunión de factores egoístas y factores
eróticos. La necesidad sexual es impotente para unir a los hombres, como lo ha-
cen las exigencias de la conservación. La satisfacción sexual es, ante todo,
una cuestión privada e individual.
Desde
el punto de vista genético, la naturaleza social de la neurosis se deriva de su
tendencia origi- nal a huir de la realidad, que no ofrece satisfacciones, para
refugiarse en un mundo imaginario lleno de atractivas promesas. En este mundo real,
del que el neurótico huye, reina la sociedad humana con todas las instituciones
creadas por el trabajo colectivo, y volviendo la espalda a esta realidad, se
excluye por sí mismo el neurótico de la comunidad humana.
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El
arte.
El
arte es el único dominio en el que la «omnipotencia de las ideas» se ha
mantenido hasta nuestro días. Sólo en el arte sucede aún que un hombre
atormentado por los deseos cree algo semejante a una satisfacción y que este
juego provoque -merced a la ilusión artística- efectos afectivos, como si se
tratase de algo real. Con razón se habla de la magia del arte y se compara
al artista a un hechicero. Pero esta comparación es, quizá, aún más
significativa de lo que parece. El arte, que no comenzó en modo alguno siendo
«el arte por el arte», se hallaba al principio al servicio de tendencias hoy
extinguidas en su mayoría, y podemos suponer que entre dichas tendencias
existía un cierto número de intenciones mágicas.
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Hallamos
entonces que tanto temporalmente como por su contenido corresponden la fase
animista al narcisismo, la fase religiosa al estadio de objetivación
caracterizado por la fijación de la libido a los padres y la fase científica a
aquel estado de madurez en el que El individuo renuncia al principio del
placer, y subordinándose a la realidad, busca su objeto en el mundo exterior.
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El
tabú de los muertos.- Sabemos ya que los muertos son poderosos
soberanos; quizá nos asombre averiguar hasta que son también considerados como
enemigos.
Manteniendo
nuestra comparación con el contagio podemos decir que el tabú de los muertos
mues- tra en la mayor parte de los pueblos primitivos una particular
virulencia. Este tabú se manifiesta, primeramente, en las consecuencias que el
contacto con los muertos trae consigo y en el trato especial de que son objeto
las personas afines al individuo fallecido. Entre los maoríes, aquellos que han
tocado a un muerto o asistido a un entierro se hacen extraordinariamente
«impuros» y son privados de toda comunicación con sus semejantes, quedando, por
decirlo así, «boicoteados». Un hombre con- taminado por el contacto de un
muerto no puede entrar en una casa ni tocar a una persona o un ob- jeto sin
hacerlos impuros. No debe tampoco tocar el alimento con sus manos, cuya
impureza las hace impropias para todo uso. La comida es colocada a sus pies, en
el suelo, y tiene que comer co- mo buenamente pueda, utilizando tan sólo sus
labios y sus dientes y con las manos cruzadas a la espalda. Algunas veces le
está permitido hacerse dar de comer por otra persona, la cual debe cum- plir
este cometido con cuidado de no tocar al desdichado tabú, y queda sometida a
restricciones no menos rigurosas. En todas las aldeas maoríes suele haber un
individuo que vive abandonado y mise- rable, al margen de la sociedad, y se
mantiene a duras penas de escasas limosnas. Sólo éste puede aproximarse, a una
distancia igual a la longitud de un brazo, o aquellos que han tributado a un
muer- to los últimos homenajes. Cuando el período de aislamiento llega a su fin
y puede el hombre impuro comunicar de nuevo con sus semejantes, es destruida
toda la vajilla de la que se ha servido durante el período peligroso y
desechados todos sus vestidos.
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En
todos estos casos nos es fácil demostrar que ha tenido efecto una nueva
ordenación de los materiales psíquicos, correspondiente a un nuevo fin, y a
veces forzada, aunque comprensible si nos colocamos en el punto de vista del
sistema. Lo que mejor caracteriza entonces a este último es que cada uno de sus
elementos deja transparentar, por lo menos, dos motivaciones, una de las cuales
reposa en los principios que constituyen la base del sistema (y puede, por tanto,
presentar todos los caracteres de la locura), y otra, oculta, que debe ser
considerada como la única eficaz y real.
He
aquí, a título de ilustración, un ejemplo tomado de la neurosis. En el capítulo
sobre el tabú he mencionado de pasada a una enferma cuyas interdicciones
obsesivas presentaban una singularísima semejanza con el tabú de los maoríes.
La neurosis de esta mujer se hallaba orientada contra su ma- rido y culminaba
en la repulsa del deseo inconsciente de la muerte del mismo. Sin embargo, en su
fobia, manifiesta y sistemática, no piensa la paciente para nada en su marido,
el cual aparece elimi- nado de sus cuidados y preocupaciones conscientes. Lo
que la paciente teme es oír hablar de la muerte en general. Un día oyó a su
marido encargar que mandasen afilar sus navajas de afeitar a una determinada
tienda. Impulsada por una singular inquietud, fue la paciente a ver el lugar en
el que dicha tienda se hallaba situada, y a la vuelta de su viaje de
exploración exigió de su marido que se desprendiese para siempre de sus
navajas, pues había descubierto que al lado de la tienda en la que iban a ser
afiladas existía una funeraria. De este modo creó su intención un enlace
indisoluble entre las navajas de afeitar y la idea de la muerte. Esta es la
motivación sistemática de la prohibición. Pero podemos estar seguros de que aun
sin el descubrimiento de la macabra vecindad hubiera vuelto la enferma a su
casa en la misma disposición de ánimo. Para ello le hubiera bastado encontrar
en su camino un entierro, una persona de luto o ver una corona fúnebre. La red
de las condiciones se halla- ba suficientemente extendida para que la presa
cayera en ella, fuese como fuese. Sólo de la sujeto dependía aprovechar o no
las ocasiones que habían de presentarse.
Sin
temor a equivocarnos podemos admitir que en otros casos cerraba los ojos ante
tales ocasiones, y entonces decía que «el día había sido bueno». Asimismo
adivinamos fácilmente la causa real de la prohibición relativa a las navajas de
afeitar. Tratábase de un acto de defensa contra el placer que la paciente
experimentaba ante el pensamiento de que al servirse de las navajas
recientemente afila- das podía su marido cortarse fácilmente el cuello.
Exactamente
del mismo modo podemos reconstruir y detallar una perturbación de la
deambulación, una abasia o una agorafobia, en los casos en que uno de estos
síntomas ha conseguido sustituir o un deseo inconsciente y a la defensa contra
el mismo. Todas las demás fantasías inconscientes o reminiscencias eficaces del
enfermo utilizan entonces tal exutorio para imponerse, a título de mani-
festaciones sintomáticas, y entrar en el cuadro formado por la perturbación de
la deambulación, afec- tando relaciones aparentemente racionales con los demás
elementos. Sería, pues, una empresa vana y absurda querer deducir, por ejemplo,
la estructura sintomática y los detalles de una agorafo- bia del principio
fundamental de la misma.
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Una
fiesta es un exceso permitido y hasta ordenado,
una violación solemne de una prohibición. Pero el exceso no depende del alegre
estado de ánimo de los hombres, nacido de una prescripción de- terminada, sino
que reposa en la naturaleza misma de la fiesta, y la alegría es producida por
la libertad de realizar lo que en tiempos normales se halla rigurosamente
prohibido.
Pero
¿qué significa el duelo consecutivo a la muerte del animal totémico y que sirve
de introducción a esta alegre fiesta? Si la tribu se regocija del sacrificio
del tótem, que es un acto ordinariamente prohi- bido, ¿por qué lo llora al
mismo tiempo?
Sabemos
que la absorción del tótem santifica a los miembros de la tribu y refuerza la
identidad de cada uno de ellos con los demás y de todos con el tótem mismo. El
hecho de haber absorbido la vida sagrada, encarnada en la sustancia del tótem,
explica la alegría de los miembros de la tribu, con todas sus consecuencias.
