PSICOLOGÍA DE MASAS Y
ANÁLISIS DEL YO (1921).
1
Psicología de las masas y
análisis del yo de Freud (1921) explica que la masa se forma por lazos
libidinales, donde los individuos sustituyen su ideal del yo por un objeto
común (líder o idea), lo que lleva a identificarse entre sí y a la regresión a
estados primitivos, revelando el papel del Superyó y la conexión con la horda
primordial, mostrando que el amor y la identificación son la base de la
cohesión social, no solo un "instinto gregario".
2
Un individuo en una masa
pierde su personalidad consciente y se deja llevar por impulsos y emociones
colectivas, volviéndose irracional y primitivo:surge un "alma
colectiva".
3
El Papel del Líder y el
Ideal del Yo: Lazos Libidinales: Lo que une a la masa es el amor (libido), que
liga a los miembros entre sí y con el líder.
4
Identificación: Los
miembros ponen el mismo objeto (el líder o una idea) en el lugar de su Ideal
del Yo (la parte de la psique que contiene los ideales y aspiraciones).
5
Enamoramiento e Hipnosis:
Freud compara la relación del individuo con el líder con el enamoramiento y la
hipnosis, donde el yo se subordina al objeto o líder, perdiendo la crítica y
sumisión.
6
Superyó: La figura del
líder o ideal del yo se convierte en una instancia superyoica para los
miembros, que obedecen ciegamente, como en la religión o el ejército (masas
artificiales).
Ello: Los instintos
reprimidos emergen en la masa, liberando impulsos destructivos y primitivos.
Yo: El Yo individual se
empobrece o se modifica, adoptando características del objeto amado (el
líder/ideal).
7
La Horda Primordial:
El origen de esta
dinámica se remonta a la horda primitiva, donde los hijos temían y amaban a un
padre tiránico, sentando las bases para la formación de líderes y la
organización social.
8
Freud argumenta que la
formación de masas revela mecanismos psíquicos fundamentales: la identificación
con un ideal compartido (líder/idea), el debilitamiento de las funciones
críticas del yo y el surgimiento de pulsiones primitivas, explicando la
dinámica de grupos a través de la libido y la estructura tripartita de la mente
(Yo, Ello, Superyó).
9
Frases y párrafos:
I
La
multitud es extraordinariamente influenciable y crédula. Carece de sentido
crítico y lo inverosímil no existe para ella. Piensa en imágenes que se enlazan
unas a otras asociativamente, como en aquellos estados en los que el individuo
da libre curso a su imaginación sin que ninguna instancia racional intervenga
para juzgar hasta qué punto se adaptan a la realidad sus fanta- sías. Los
sentimientos de la multitud son siempre simples y exaltados. De este modo, no
conoce dudas ni incertidumbres.
Las multitudes llegan
rápidamente a lo extremo. La sospecha enunciada se transforma ipso facto en
indiscutible evidencia. Un principio de antipatía pasa a constituir, en
segundos, un odio feroz.
II
Si
queremos formarnos una idea exacta de la moralidad de las multitudes, habremos
de tener en cuenta que en la reunión de los individuos integrados en una masa,
desaparecen todas las inhibiciones individuales, mientras que todos los
instintos crue- les, brutales y destructores, residuos de épocas primitivas,
latentes en el individuo, despiertan y buscan su libre satisfacción.
III
Libido
es un término perteneciente a la teoría de la afectividad. Designamos con él la
energía considerada como magnitud cuantitativa, aunque por ahora no mensurable-
de los instintos relacionados con todo aquello susceptible de ser comprendido
bajo el concepto de amor.
IV
Creemos,
pues, que con la palabra «amor», en sus múltiples acepciones, ha creado el
lenguaje una síntesis perfectamente justificada y que no podemos hacer nada
mejor que tomarla como base de nuestras discusiones y exposiciones científicas.
V
El
«Eros» de Platón presenta, por lo que respecta a sus orígenes, a sus
manifestaciones y a su relación con el amor sexual una perfecta analogía con la
energía amorosa, esto es, con la libido.
VI
La
Iglesia y el Ejército son masas artificiales, esto es, masas sobre las que
actúa una coerción exterior encaminada a preser- varlas de la disolución y a
evitar modificaciones de su estructura.
VII
En
la Iglesia -y habrá de sernos muy ventajoso tomar como nuestra la Iglesia
católica- y en el Ejército, reina, cualesquiera que sean sus diferencias en
otros aspectos, una misma ilusión: la ilusión de la presencia visible o
invisible de un jefe (Cristo, en la iglesia católica, y el general en jefe en
el Ejército), que ama con igual amor a todos los miembros de la colectividad.
De esta ilusión depende todo, y su desvanecimiento traería consigo la
disgregación de la Iglesia o del Ejército, en la medida en que la coerción
exterior lo permitiese. El igual amor de Cristo por sus fieles todos, aparece
claramente expresado en las palabras:
«De
cierto os digo, que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos
pequeñitos, a mí lo hicisteis». Para cada uno de los individuos que componen la
multitud creyente, es Cristo un bondadoso hermano mayor, una sustitución del
padre. De este amor de Cristo se derivan todas las exigencias de que se hace
objeto al individuo creyente, y el aliento democrático que anima a la Iglesia
depende de la igualdad de todos los fieles ante Cris- to y de su idéntica
participación en el amor divino.
VIII
La
disgregación de una masa religiosa resulta ya más difícil de observar.
Recientemente, he tenido ocasión de leer una novela inglesa de espíritu
católico y recomendada por el obispo de Londres -«When it was dark»-, en la que
se describe, con tanta destreza a mi juicio, como exactitud, una tal
eventualidad y sus consecuencias. El autor imagina una conspiración, urdida en
nuestros días, por enemigos de la persona de Cristo y de la fe cristiana, que
pretenden haber conseguido descubrir en Jerusalén un sepulcro con una
inscripción en la cual confiesa José de Arimatea haber substraído, por razones
piadosas, tres días después de su entierro, el cadáver de Cristo; trasladándolo
de su primer enterramiento a aquel otro. Este descubrimiento arqueológico
significa la ruina de los dogmas de la resurrección de Cristo y de su
naturaleza divina y trae consigo la conmoción de la cultura europea y un
incremento extraordinario de todos los crímenes y violencias, hasta el día en
que la conspiración tramada por los falsarios es descubierta y denunciada.
IX
PARÁBOLA
DE LOS PUERCOESPINES DE SCHOPENHAUER.
Intentaremos
representarnos cómo se comportan los hombres mutuamente desde el punto de vista
afectivo. Según la célebre parábola de los puercoespines ateridos (Schopenhauer
«Parerga und Paralipomena», 2a parte, XXXI, «Gleichnisse und Parabeln») ningún
hombre soporta una aproximación demasiado íntima a los demás.
«En
un crudo día invernal, los puercoespines de una manada se apretaron unos contra
otros para prestarse mutuo calor. Pero al hacerlo así, se hirieron
recíprocamente con sus púas, y hubie- ron de separarse. Obligados de nuevo a
juntarse, por el frío, volvieron a pincharse y a distanciarse. Estas
alternativas de aproximación y alejamiento duraron hasta que les fue dado ha-
llar una distancia media en la que ambos males resultaban mitigados».
X
La
identificación es conocida al psicoanálisis como la manifes- tación más
temprana de un enlace afectivo a otra persona, y desempeña un importante papel
en la prehistoria del complejo de Edipo. El niño manifiesta un especial interés
por su padre; quisiera ser como él y reemplazarlo en todo. Podemos, pues,
decir, que hace, de su padre, su ideal. Esta conducta no repre- senta, en
absoluto, una actitud pasiva o femenina con respecto al padre (o al hombre en
general), sino que es estrictamente masculina y se concilia muy bien con el
complejo de Edipo, a cuya preparación contribuye.
XI
La
sustitución del objeto abandonado o perdido, por la identificación con él, o
sea la introyección de este objeto en el Yo, son hechos que ya conocemos,
habiendo tenido ocasión de observarlos directamente en la vida infantil. Así,
la «Internatio- nale Zeitschrift für Psychoanalyse» ha publicado recientemente
el caso de un niño, que entristecido por la muerte de un gatito, declaró, a
poco, ser él ahora dicho animal y comenzó a andar en cuatro patas, negándose a
comer en la mesa, etc.
XII
En
un cierto número de casos, el enamoramiento no es sino un revestimiento de
objeto por parte de los instintos sexuales, revestimiento encaminado a lograr una
satisfacción sexual directa y que desaparece con la consecución de este fin.
XIII
El
amor sensual está destinado a extinguirse en la satisfacción. Para poder durar,
tiene que hallarse asociado desde un principio a componentes puramente tiernos,
esto es, coartados en sus fines, o experimentar en un momento dado, una
transposición de este género.
XIV
La
masa se nos muestra, pues, como una resurrección de la horda primitiva. Así
como el hombre primitivo sobrevive virtualmente en cada individuo, también toda
masa humana puede reconstituir la horda primitiva. Habremos, pues, de deducir,
que la psicología colectiva es la psicología humana más antigua.
XV
En
los albores de la historia humana, fue el padre de la horda primitiva el
superhombre cuyo advenimiento esperaba Nietzsche en un lejano futuro.
XVI
El
mito constituye el paso con el que el individuo se separa de la psicología
colectiva. El primer mito fue seguramente de orden psicológico, el mito del
héroe. El mito explicativo de la Naturaleza no surgió sino más tarde. El poeta
que dio este paso y se separó así, imaginativamente, de la multitud, sabe, sin
embargo, hallar, en la realidad, según otra observación de Rank, el retorno a
ella, yendo a relatar a la masa las hazañas que su imaginación atribuye a un
héroe por él inventado, héroe que en el fondo, no es sino él mismo. De este
modo, retorna el poeta a la realidad elevando a sus oyentes a la altura de su imaginación.