FILOSOFÍA

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martes, 24 de febrero de 2026

PSICOLOGÍA DE MASAS Y ANÁLISIS DEL YO (1921).

 

PSICOLOGÍA DE MASAS Y ANÁLISIS DEL YO (1921).

 

 ERMG


 

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Psicología de las masas y análisis del yo de Freud (1921) explica que la masa se forma por lazos libidinales, donde los individuos sustituyen su ideal del yo por un objeto común (líder o idea), lo que lleva a identificarse entre sí y a la regresión a estados primitivos, revelando el papel del Superyó y la conexión con la horda primordial, mostrando que el amor y la identificación son la base de la cohesión social, no solo un "instinto gregario".

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Un individuo en una masa pierde su personalidad consciente y se deja llevar por impulsos y emociones colectivas, volviéndose irracional y primitivo:surge un "alma colectiva".

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El Papel del Líder y el Ideal del Yo: Lazos Libidinales: Lo que une a la masa es el amor (libido), que liga a los miembros entre sí y con el líder.

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Identificación: Los miembros ponen el mismo objeto (el líder o una idea) en el lugar de su Ideal del Yo (la parte de la psique que contiene los ideales y aspiraciones).

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Enamoramiento e Hipnosis: Freud compara la relación del individuo con el líder con el enamoramiento y la hipnosis, donde el yo se subordina al objeto o líder, perdiendo la crítica y sumisión.

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Superyó: La figura del líder o ideal del yo se convierte en una instancia superyoica para los miembros, que obedecen ciegamente, como en la religión o el ejército (masas artificiales).

Ello: Los instintos reprimidos emergen en la masa, liberando impulsos destructivos y primitivos.

Yo: El Yo individual se empobrece o se modifica, adoptando características del objeto amado (el líder/ideal).

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La Horda Primordial:

El origen de esta dinámica se remonta a la horda primitiva, donde los hijos temían y amaban a un padre tiránico, sentando las bases para la formación de líderes y la organización social.

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Freud argumenta que la formación de masas revela mecanismos psíquicos fundamentales: la identificación con un ideal compartido (líder/idea), el debilitamiento de las funciones críticas del yo y el surgimiento de pulsiones primitivas, explicando la dinámica de grupos a través de la libido y la estructura tripartita de la mente (Yo, Ello, Superyó).

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Frases y párrafos:

I

La multitud es extraordinariamente influenciable y crédula. Carece de sentido crítico y lo inverosímil no existe para ella. Piensa en imágenes que se enlazan unas a otras asociativamente, como en aquellos estados en los que el individuo da libre curso a su imaginación sin que ninguna instancia racional intervenga para juzgar hasta qué punto se adaptan a la realidad sus fanta- sías. Los sentimientos de la multitud son siempre simples y exaltados. De este modo, no conoce dudas ni incertidumbres.

Las multitudes llegan rápidamente a lo extremo. La sospecha enunciada se transforma ipso facto en indiscutible evidencia. Un principio de antipatía pasa a constituir, en segundos, un odio feroz.

II

Si queremos formarnos una idea exacta de la moralidad de las multitudes, habremos de tener en cuenta que en la reunión de los individuos integrados en una masa, desaparecen todas las inhibiciones individuales, mientras que todos los instintos crue- les, brutales y destructores, residuos de épocas primitivas, latentes en el individuo, despiertan y buscan su libre satisfacción.

III

Libido es un término perteneciente a la teoría de la afectividad. Designamos con él la energía considerada como magnitud cuantitativa, aunque por ahora no mensurable- de los instintos relacionados con todo aquello susceptible de ser comprendido bajo el concepto de amor.

IV

Creemos, pues, que con la palabra «amor», en sus múltiples acepciones, ha creado el lenguaje una síntesis perfectamente justificada y que no podemos hacer nada mejor que tomarla como base de nuestras discusiones y exposiciones científicas.

V

El «Eros» de Platón presenta, por lo que respecta a sus orígenes, a sus manifestaciones y a su relación con el amor sexual una perfecta analogía con la energía amorosa, esto es, con la libido.

VI

La Iglesia y el Ejército son masas artificiales, esto es, masas sobre las que actúa una coerción exterior encaminada a preser- varlas de la disolución y a evitar modificaciones de su estructura.

VII

En la Iglesia -y habrá de sernos muy ventajoso tomar como nuestra la Iglesia católica- y en el Ejército, reina, cualesquiera que sean sus diferencias en otros aspectos, una misma ilusión: la ilusión de la presencia visible o invisible de un jefe (Cristo, en la iglesia católica, y el general en jefe en el Ejército), que ama con igual amor a todos los miembros de la colectividad. De esta ilusión depende todo, y su desvanecimiento traería consigo la disgregación de la Iglesia o del Ejército, en la medida en que la coerción exterior lo permitiese. El igual amor de Cristo por sus fieles todos, aparece claramente expresado en las palabras:

«De cierto os digo, que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis». Para cada uno de los individuos que componen la multitud creyente, es Cristo un bondadoso hermano mayor, una sustitución del padre. De este amor de Cristo se derivan todas las exigencias de que se hace objeto al individuo creyente, y el aliento democrático que anima a la Iglesia depende de la igualdad de todos los fieles ante Cris- to y de su idéntica participación en el amor divino.

VIII

La disgregación de una masa religiosa resulta ya más difícil de observar. Recientemente, he tenido ocasión de leer una novela inglesa de espíritu católico y recomendada por el obispo de Londres -«When it was dark»-, en la que se describe, con tanta destreza a mi juicio, como exactitud, una tal eventualidad y sus consecuencias. El autor imagina una conspiración, urdida en nuestros días, por enemigos de la persona de Cristo y de la fe cristiana, que pretenden haber conseguido descubrir en Jerusalén un sepulcro con una inscripción en la cual confiesa José de Arimatea haber substraído, por razones piadosas, tres días después de su entierro, el cadáver de Cristo; trasladándolo de su primer enterramiento a aquel otro. Este descubrimiento arqueológico significa la ruina de los dogmas de la resurrección de Cristo y de su naturaleza divina y trae consigo la conmoción de la cultura europea y un incremento extraordinario de todos los crímenes y violencias, hasta el día en que la conspiración tramada por los falsarios es descubierta y denunciada.

IX

PARÁBOLA DE LOS PUERCOESPINES DE SCHOPENHAUER.

Intentaremos representarnos cómo se comportan los hombres mutuamente desde el punto de vista afectivo. Según la célebre parábola de los puercoespines ateridos (Schopenhauer «Parerga und Paralipomena», 2a parte, XXXI, «Gleichnisse und Parabeln») ningún hombre soporta una aproximación demasiado íntima a los demás.

«En un crudo día invernal, los puercoespines de una manada se apretaron unos contra otros para prestarse mutuo calor. Pero al hacerlo así, se hirieron recíprocamente con sus púas, y hubie- ron de separarse. Obligados de nuevo a juntarse, por el frío, volvieron a pincharse y a distanciarse. Estas alternativas de aproximación y alejamiento duraron hasta que les fue dado ha- llar una distancia media en la que ambos males resultaban mitigados».

X

La identificación es conocida al psicoanálisis como la manifes- tación más temprana de un enlace afectivo a otra persona, y desempeña un importante papel en la prehistoria del complejo de Edipo. El niño manifiesta un especial interés por su padre; quisiera ser como él y reemplazarlo en todo. Podemos, pues, decir, que hace, de su padre, su ideal. Esta conducta no repre- senta, en absoluto, una actitud pasiva o femenina con respecto al padre (o al hombre en general), sino que es estrictamente masculina y se concilia muy bien con el complejo de Edipo, a cuya preparación contribuye.

XI

La sustitución del objeto abandonado o perdido, por la identificación con él, o sea la introyección de este objeto en el Yo, son hechos que ya conocemos, habiendo tenido ocasión de observarlos directamente en la vida infantil. Así, la «Internatio- nale Zeitschrift für Psychoanalyse» ha publicado recientemente el caso de un niño, que entristecido por la muerte de un gatito, declaró, a poco, ser él ahora dicho animal y comenzó a andar en cuatro patas, negándose a comer en la mesa, etc.

XII

En un cierto número de casos, el enamoramiento no es sino un revestimiento de objeto por parte de los instintos sexuales, revestimiento encaminado a lograr una satisfacción sexual directa y que desaparece con la consecución de este fin.

XIII

El amor sensual está destinado a extinguirse en la satisfacción. Para poder durar, tiene que hallarse asociado desde un principio a componentes puramente tiernos, esto es, coartados en sus fines, o experimentar en un momento dado, una transposición de este género.

XIV

La masa se nos muestra, pues, como una resurrección de la horda primitiva. Así como el hombre primitivo sobrevive virtualmente en cada individuo, también toda masa humana puede reconstituir la horda primitiva. Habremos, pues, de deducir, que la psicología colectiva es la psicología humana más antigua.

XV

En los albores de la historia humana, fue el padre de la horda primitiva el superhombre cuyo advenimiento esperaba Nietzsche en un lejano futuro.

XVI

El mito constituye el paso con el que el individuo se separa de la psicología colectiva. El primer mito fue seguramente de orden psicológico, el mito del héroe. El mito explicativo de la Naturaleza no surgió sino más tarde. El poeta que dio este paso y se separó así, imaginativamente, de la multitud, sabe, sin embargo, hallar, en la realidad, según otra observación de Rank, el retorno a ella, yendo a relatar a la masa las hazañas que su imaginación atribuye a un héroe por él inventado, héroe que en el fondo, no es sino él mismo. De este modo, retorna el poeta a la realidad elevando a sus oyentes a la altura de su imaginación.

 

 

 

 

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