¿POR
QUÉ FAUSTO LE VENDIÓ EL ALMA AL DIABLO?
Edgardo
Rafael Malaspina Guerra
1
Fausto
(1808-1832) de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) trata de dilucidar la
relación entre el bien y el mal.
Las
dos partes del Fausto son muy confusas, hasta el punto que Harold Bloom en su
polémica obra El canon occidental (1994) dice que Heidegger escribe clarísimo
en comparación con Goethe.
Digresión: El filósofo argentino Mario Bunge dijo: “Las frases
de Heidegger son las propias de un esquizofrénico. Se llama esquizofasia. Es un
desorden típico del esquizofrénico avanzado”.
La
primera parte es entendible, pero la segunda es laberíntica, grotesca y alocada, tal vez por aquello que dijo Cervantes cuando
supo sobre la publicación del Quijote de Avellaneda: “Segundas partes nunca
fueron buenas”.
2
Al
inicio, Fausto es un pensador de alto vuelo que diserta así: “¡Ah! Filosofía, jurisprudencia, medicina y
hasta teología, todo lo he profundizado con entusiasmo creciente, y ¡heme aquí,
pobre loco, tan sabio como antes!”. Pero luego pierde la cabeza por las
mujeres.
Fausto
quiere sentir nuevamente la pasión que solo otorga la juventud, y por eso le
vende su alma a Mefistófeles (el Diablo) a través de un pacto firmado con
sangre y beber un elixir en la "Cocina de la bruja".
Cuando
se enamora locamente de Margarita, se aferra más a Satanás para conquistar a la
niña. Margarita no pasaba de quince años, mientras que Fausto era cincuentón.
Esto sucede en la primera parte.
3
En
la segunda parte, Fausto, con casi cien años de edad, se enamora de Helena (24
años); y entiende que necesita mucho más de los recursos potenciadores de
Mefistófeles.
Es
claro que, si en aquel tiempo hubiese existido la viagra, Fausto no le hubiese
vendido su alma al Diablo.
4
Con
esta sencilla explicación se acaban doscientos años de discusiones estériles
entre los grandes expertos, filósofos, literatos sobre las razones que
impulsaron la conducta de Fausto.
La navaja de Occam se impone nuevamente.
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