LA
NEGACIÓN DE LA MUERTE.(1973)
Ernest
Becker fue un antropólogo cultural y
escritor estadounidense, conocido principalmente por su obra La negación de la
muerte (1973), que le valió el Premio Pulitzer y explora cómo el miedo a la
muerte impulsa gran parte del comportamiento humano y los sistemas culturales,
basándose en ideas de Kierkegaard y Rank y criticando ciertos aspectos de
Freud. La página de Wikipedia en español detalla su vida, su enfoque
interdisciplinario y su libro fundamental.
Nació
en Springfield, Massachusetts, en 1924, y falleció en 1974.
Trabajo
Interdisciplinario: Fue un pensador y escritor que integró la antropología
cultural, la psiquiatría y otras ciencias.
La
negación de la muerte (The Denial of Death): Su obra cumbre, donde argumenta
que la conciencia de la mortalidad es la fuente de la ansiedad humana,
llevándonos a buscar "proyectos de inmortalidad" simbólicos (como el
éxito, la religión, o el nacionalismo) para sentirnos heroicos y trascendentes.
Su
teoría sentó las bases para la Teoría de la Gestión del Terror (Terror
Management Theory), un campo importante en la psicología social.
La
negación de la muerte es un trabajo de psicología y filosofía escrito por
Ernest Becker y publicado en 1973. Fue galardonado con el premio Pulitzer a
obra de no ficción general en 1974, dos meses después de la muerte del autor.
El libro construye largamente sobre los trabajos de Kierkegaard, Sigmund Freud,
y uno de los colegas de Freud, Otto Rank.
Temas
1. La
civilización humana es, en última instancia, un elaborado mecanismo de defensa
simbólica contra el conocimiento de nuestra mortalidad, que a su vez actúa como
la respuesta emocional e intelectual a nuestro mecanismo de supervivencia
básica.
2. Becker
sostiene que una dualidad básica en la vida humana existe entre el mundo físico
de los objetos y el mundo simbólico de significado humano.
3. Así, como el hombre tiene una naturaleza dual
que consiste en un cuerpo físico y un yo simbólico, es capaz de trascender el
dilema de la mortalidad a través del heroísmo, un concepto que implica su mitad
simbólica.
4. Al
embarcarse en lo que Becker refiere como un "proyecto de
inmortalidad" (o causa sui), en el que se crea o se convierte en parte de
algo que, siente, durará para siempre, el hombre siente que se ha vuelto
heroico y, a partir de entonces, parte de algo eterno; algo que nunca morirá,
en comparación con su cuerpo físico que un día morirá. Esto, a su vez, le da al
hombre la sensación de que su vida tiene sentido; un propósito; significado en
el gran esquema de las cosas.
5. Becker
sostiene que la enfermedad mental es más perspicazmente extrapolada como una
falla en nuestro sistema de héroes.
6. Cuando alguien está pasando por una depresión,
su causa sui (o proyecto de heroísmo) está fallando, y está siendo recordada
constantemente su mortalidad y su insignificancia como resultado.
7. La
esquizofrenia es un paso más allá de la depresión, en el que la causa sui
propia está cayéndose a pedazos, haciendo imposible generar suficientes
mecanismos de defensa en contra de su mortalidad, a partir de entonces, el
esquizofrénico tiene que crear su propia realidad o "mundo" en el
que, creen, son mejores héroes.
8. Becker
sostiene que el conflicto entre los proyectos de inmortalidad que se
contradicen entre sí (sobre todo en la religión) es la fuente de la destrucción
y la miseria en el mundo causada por las guerras, la intolerancia, el
genocidio, el racismo, el nacionalismo, y así sucesivamente, ya que un proyecto
de inmortalidad que contradice otros indirectamente sugiere que están
equivocados.
9. Otro
tema recurrente en todo el libro es que los sistemas de héroes tradicionales,
por ejemplo, la religión, ya no son convincentes en la edad de la razón; la
ciencia está tratando de resolver el problema del hombre, algo que Becker
siente, nunca podrá hacer.
10. El libro afirma que necesitamos nuevas
ilusiones convincentes que nos permitan sentirnos heroicos en el gran esquema
de cosas.
11. Becker,
sin embargo, no proporciona una respuesta definitiva, sobre todo porque cree
que no hay ninguna solución perfecta. En cambio, espera que el conocimiento
gradual de las motivaciones innatas del hombre puedan contribuir a lograr un
mundo mejor.
FRASES
Y PÁRRAFOS.
1
He
escrito este libro fundamentalmente a modo de estudio de la armonización de la
Babel existente de puntos de vista sobre el ser humano y la condición humana,
en la creencia de que ha llegado el momento adecuado para una síntesis que
albergue lo mejor del pensamiento en muchos campos, desde las ciencias humanas
hasta la religión.
2
Todo
este libro es una red de argumentos basados en la universalidad del miedo, o
más bien “terror” a la muerte, como prefiero llamarlo, para transmitir hasta qué
punto acaba con todo cuando lo miramos directamente a la cara.
3
Podemos
dar por descontado que el miedo a la muerte está siempre presente en nuestro
funcionamiento mental.
4
Parece
una paradoja imposible: el omnipresente miedo a la muerte en el funcionamiento
normal biológico de nuestro instinto de autoconservación, así como la ajenidad
absoluta de estemiedo en nuestra vida consciente.
5
La
idea de la muerte y la reencarnación se planteó en la época chamanística, en el
pensamiento Zen, en el estoico, en El Rey Lear de Shakespeare, así como en el
judeocristianismo y en el pensamiento existencial contemporáneo.
6
La
tragedia de la vida señalada por Searles es la que hemos discutido: la finitud
humana, su horror a la muerte y el peso aplastante de la vida.
7
La
ironía de la condición humana consiste en la necesidad más profunda de verse
libre de la ansiedad de la muerte y la aniquilación, pero es la propia vida la
que la despierta.
8
En
Kierkegaard, la psicología y la religión, la filosofía y la ciencia, la poesía
y la verdad se fusionan de forma indistinguible en el anhelo de la creatura.
9
La
agresividad humana se produce por una fusión del instinto a la vida y del
instinto de muerte. El
instinto
de muerte representa el deseo del organismo de morir, pero el organismo puede
salvarse de su propio impulso hacia la muerte redireccionándolo hacia afuera. El
deseo de morir se substituye, pues, por el deseo de matar, y el ser humano
vence su propio instinto de muerte matando a los demás.
10
De
todo esto podemos extraer una importante conclusión: que la transferencia es
una forma de fetichismo, una forma de control estrecho que asegura nuestros
propios problemas. Tomamos nuestra indefensión, nuestra culpa, nuestros
conflictos y los fijamos en un lugar en el entorno. Podemos crear cualquier
locus para proyectar nuestras preocupaciones en el mundo, incluso el locus de nuestros
propios brazos y piernas. Se trata de nuestras
preocupaciones;
y si contemplamos los problemas bási‐
cos
de la esclavitud humana siempre las estamos viendo.
11
Como
dijo Jung en bellas palabras: « […] a menos que prefiramos dejarnos engañar por
nuestras propias ilusiones, mediante el cuidadoso análisis de cada una de nuestras
fascinaciones deberemos extraer una porción de nuestra personalidad, como si de
una quintaesencia
se
tratase, y poco a poco reconocer que nos estamos en‐ contrando con nosotros
mismos una y otra vez en mil disfraces diferentes en la senda de la vida».
12
La fascinación es un reflejo de la fatalidad
de la condición humana.
13
Uno
no puede dejar de pensar cómo es posible que una de las sociedades científicas
más avanzadas del siglo XX recurriera a adelantos basados en las antiguas
técnicas de momificación egipcias para embalsamar al líder de su revolución.
Parece como si los rusos no pudieran deshacerse
de Lenin ni siquiera muerto y, por eso, le enterraron como un símbolo
permanente de la inmortalidad. Ahí tenemos una sociedad supuestamente “secular que
realiza peregrinaciones a una tumba que encierra figuras heroicas en la “pared
sagrada” del Kremlin, un lugar santificado. No importa cuántas iglesias se hayan
cerrado, o lo humanista que reivindicara ser un líder o movimiento, nunca habrá
nada del todo secular en el miedo humano. El terror del ser humano siempre es
un «terror sagrado» —lo cual es una frase popular sorprendentemente apropiada—.
El terror siempre está relacionado con los extremos de la vida y la muerte.
14
Vivimos
en una gran oscuridad respecto a quiénes somos y por qué estamos aquí, sin
embargo,
sabemos
que ha de tener algún sentido. Qué puede ser más natural, entonces, que tomar
este misterio inefable y disiparlo enseguida al dirigir nuestros actos de
heroicidad hacia otro ser humano y conocer de ese modo, día a día, si esas
actuaciones son lo bastante buenas como
para
ganamos la eternidad. Si no son buenas, sabemos que son malas por sus
reacciones y así podemos cambiarlas al instante.
15
Una
de las cosas que observamos cuando contem‐ plamos la historia es que la
conciencia de la creatura siempre está absorta en la cultura. La cultura se
opone a la naturaleza y la trasciende. La cultura es en su intento más heroico
la negación de la creaturabilidad. Pero esta negación es más eficaz en unas
épocas que en otras.
16
El
sexo es del cuerpo, y el cuerpo es de la muerte. Como nos recuerda Rank, este
es el significado
del
relato bíblico sobre el final del paraíso, cuando el descubrimiento del sexo
trae la muerte al mundo. Al igual que en la mitología griega, Eros y Tánato son
inseparables; la muerte es la hermana gemela natural del sexo.
17
Como
hemos visto las personas necesitan un
“más allá”, pero primero intentan alcanzar lo que tienen más cerca; esto les
ofrece la plenitud que necesitan, pero al mismo tiempo las limita y es‐claviza.
Podemos ver todo el problema de la vida humana de este modo. Podemos plantear
la pregunta: ¿qué tipo de más allá está intentado expandir esta persona y cuánta
individuación consigue con él?
18
La
clave del tipo creativo es que está separado del fondo común de los
significados compartidos. En su experiencia de la vida hay algo que le hace ver
el mundo como un problema; a raíz de ello tiene que buscarle un sentido
personal. Esto les sucede a todas las personas creativas en mayor o menor
medida, pero en el caso del artista es especialmente evidente. La existencia se
con‐ vierte en un problema que precisa una respuesta ideal; pero cuando ya no
aceptas la solución colectiva del problema de la existencia, entonces has de
crearte la tuya. La obra de arte es, pues, la respuesta ideal del tipo creativo
al problema de la existencia como este lo entiende, no sólo de la existencia
del mundo externo, sino en especial de la suya propia: el tipo de persona que
es, dolorosamente independiente, sin nada compartido a lo que poder recurrir.
Ha de responder a la carga de su in‐
dividuación
extrema, de su tan doloroso aislamiento. Quiere saber cómo conseguir la
inmortalidad gracias a sus propios dones.
19
Desde
este punto de vista, la diferencia entre el artista y el neurótico parece reducirse
básicamente a una cuestión de talento. Es como la diferencia entre el esquizofrénico
y un Strindberg: uno acaba en un segundo plano, y el otro como un héroe
cultural, pero ambos experimentan el mundo de formas similares y sólo difieren
en la calidad y el poder de la reacción.
20
La
religión terapéutica jamás reemplazará a las religiones tradicionales con sus
mensajes de judaísmo, de la mayor parte del cristianismo, del budismo y otras
similares. Estas sostienen que el ser humano está destinado a su forma
presente, que en realidad no puede evolucionar más, que cualquier cosa que
pueda conseguir sólo podrá conseguirla desde el interior de su verdadera
pesadilla, de su soledad en la creación y de las energías con las que ahora
cuenta.
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