FILOSOFÍA

FILOSOFÍA
FILOSOFÍA

lunes, 12 de enero de 2026

LA NEGACIÓN DE LA MUERTE.

 

LA NEGACIÓN DE LA MUERTE.(1973)

 

 ERMG


 

Ernest Becker  fue un antropólogo cultural y escritor estadounidense, conocido principalmente por su obra La negación de la muerte (1973), que le valió el Premio Pulitzer y explora cómo el miedo a la muerte impulsa gran parte del comportamiento humano y los sistemas culturales, basándose en ideas de Kierkegaard y Rank y criticando ciertos aspectos de Freud. La página de Wikipedia en español detalla su vida, su enfoque interdisciplinario y su libro fundamental.

Nació en Springfield, Massachusetts, en 1924, y falleció en 1974.

Trabajo Interdisciplinario: Fue un pensador y escritor que integró la antropología cultural, la psiquiatría y otras ciencias.

La negación de la muerte (The Denial of Death): Su obra cumbre, donde argumenta que la conciencia de la mortalidad es la fuente de la ansiedad humana, llevándonos a buscar "proyectos de inmortalidad" simbólicos (como el éxito, la religión, o el nacionalismo) para sentirnos heroicos y trascendentes.

Su teoría sentó las bases para la Teoría de la Gestión del Terror (Terror Management Theory), un campo importante en la psicología social.

 

 

 

 

La negación de la muerte es un trabajo de psicología y filosofía escrito por Ernest Becker y publicado en 1973. Fue galardonado con el premio Pulitzer a obra de no ficción general en 1974, dos meses después de la muerte del autor. El libro construye largamente sobre los trabajos de Kierkegaard, Sigmund Freud, y uno de los colegas de Freud, Otto Rank.

 

Temas

1.      La civilización humana es, en última instancia, un elaborado mecanismo de defensa simbólica contra el conocimiento de nuestra mortalidad, que a su vez actúa como la respuesta emocional e intelectual a nuestro mecanismo de supervivencia básica.

2.      Becker sostiene que una dualidad básica en la vida humana existe entre el mundo físico de los objetos y el mundo simbólico de significado humano.

3.       Así, como el hombre tiene una naturaleza dual que consiste en un cuerpo físico y un yo simbólico, es capaz de trascender el dilema de la mortalidad a través del heroísmo, un concepto que implica su mitad simbólica.

4.      Al embarcarse en lo que Becker refiere como un "proyecto de inmortalidad" (o causa sui), en el que se crea o se convierte en parte de algo que, siente, durará para siempre, el hombre siente que se ha vuelto heroico y, a partir de entonces, parte de algo eterno; algo que nunca morirá, en comparación con su cuerpo físico que un día morirá. Esto, a su vez, le da al hombre la sensación de que su vida tiene sentido; un propósito; significado en el gran esquema de las cosas.

5.      Becker sostiene que la enfermedad mental es más perspicazmente extrapolada como una falla en nuestro sistema de héroes.

6.       Cuando alguien está pasando por una depresión, su causa sui (o proyecto de heroísmo) está fallando, y está siendo recordada constantemente su mortalidad y su insignificancia como resultado.

7.      La esquizofrenia es un paso más allá de la depresión, en el que la causa sui propia está cayéndose a pedazos, haciendo imposible generar suficientes mecanismos de defensa en contra de su mortalidad, a partir de entonces, el esquizofrénico tiene que crear su propia realidad o "mundo" en el que, creen, son mejores héroes.

8.      Becker sostiene que el conflicto entre los proyectos de inmortalidad que se contradicen entre sí (sobre todo en la religión) es la fuente de la destrucción y la miseria en el mundo causada por las guerras, la intolerancia, el genocidio, el racismo, el nacionalismo, y así sucesivamente, ya que un proyecto de inmortalidad que contradice otros indirectamente sugiere que están equivocados.

9.      Otro tema recurrente en todo el libro es que los sistemas de héroes tradicionales, por ejemplo, la religión, ya no son convincentes en la edad de la razón; la ciencia está tratando de resolver el problema del hombre, algo que Becker siente, nunca podrá hacer.

10.   El libro afirma que necesitamos nuevas ilusiones convincentes que nos permitan sentirnos heroicos en el gran esquema de cosas.

11.  Becker, sin embargo, no proporciona una respuesta definitiva, sobre todo porque cree que no hay ninguna solución perfecta. En cambio, espera que el conocimiento gradual de las motivaciones innatas del hombre puedan contribuir a lograr un mundo mejor.

 

FRASES Y PÁRRAFOS.

1

He escrito este libro fundamentalmente a modo de estudio de la armonización de la Babel existente de puntos de vista sobre el ser humano y la condición humana, en la creencia de que ha llegado el momento adecuado para una síntesis que albergue lo mejor del pensamiento en muchos campos, desde las ciencias humanas hasta la religión.

2

Todo este libro es una red de argumentos basados en la universalidad del miedo, o más bien “terror” a la muerte, como prefiero llamarlo, para transmitir hasta qué punto acaba con todo cuando lo miramos directamente a la cara.

3

Podemos dar por descontado que el miedo a la muerte está siempre presente en nuestro funcionamiento mental.

4

Parece una paradoja imposible: el omnipresente miedo a la muerte en el funcionamiento normal biológico de nuestro instinto de autoconservación, así como la ajenidad absoluta de estemiedo en nuestra vida consciente.

5

La idea de la muerte y la reencarnación se planteó en la época chamanística, en el pensamiento Zen, en el estoico, en El Rey Lear de Shakespeare, así como en el judeocristianismo y en el pensamiento existencial contemporáneo.

6

La tragedia de la vida señalada por Searles es la que hemos discutido: la finitud humana, su horror a la muerte y el peso aplastante de la vida.

7

La ironía de la condición humana consiste en la necesidad más profunda de verse libre de la ansiedad de la muerte y la aniquilación, pero es la propia vida la que la despierta.

8

En Kierkegaard, la psicología y la religión, la filosofía y la ciencia, la poesía y la verdad se fusionan de forma indistinguible en el anhelo de la creatura.

9

La agresividad humana se produce por una fusión del instinto a la vida y del instinto de muerte. El

instinto de muerte representa el deseo del organismo de morir, pero el organismo puede salvarse de su propio impulso hacia la muerte redireccionándolo hacia afuera. El deseo de morir se substituye, pues, por el deseo de matar, y el ser humano vence su propio instinto de muerte matando a los demás.

10

De todo esto podemos extraer una importante conclusión: que la transferencia es una forma de fetichismo, una forma de control estrecho que asegura nuestros propios problemas. Tomamos nuestra indefensión, nuestra culpa, nuestros conflictos y los fijamos en un lugar en el entorno. Podemos crear cualquier locus para proyectar nuestras preocupaciones en el mundo, incluso el locus de nuestros propios brazos y piernas. Se trata de nuestras

preocupaciones; y si contemplamos los problemas bási‐

cos de la esclavitud humana siempre las estamos viendo.

11

Como dijo Jung en bellas palabras: « […] a menos que prefiramos dejarnos engañar por nuestras propias ilusiones, mediante el cuidadoso análisis de cada una de nuestras fascinaciones deberemos extraer una porción de nuestra personalidad, como si de una quintaesencia

se tratase, y poco a poco reconocer que nos estamos en‐ contrando con nosotros mismos una y otra vez en mil disfraces diferentes en la senda de la vida».

12

 La fascinación es un reflejo de la fatalidad de la condición humana.

13

Uno no puede dejar de pensar cómo es posible que una de las sociedades científicas más avanzadas del siglo XX recurriera a adelantos basados en las antiguas técnicas de momificación egipcias para embalsamar al líder de su revolución. Parece como si los rusos no pudieran  deshacerse de Lenin ni siquiera muerto y, por eso, le enterraron como un símbolo permanente de la inmortalidad. Ahí tenemos una sociedad supuestamente “secular que realiza peregrinaciones a una tumba que encierra figuras heroicas en la “pared sagrada” del Kremlin, un lugar santificado. No importa cuántas iglesias se hayan cerrado, o lo humanista que reivindicara ser un líder o movimiento, nunca habrá nada del todo secular en el miedo humano. El terror del ser humano siempre es un «terror sagrado» —lo cual es una frase popular sorprendentemente apropiada—. El terror siempre está relacionado con los extremos de la vida y la muerte.

14

Vivimos en una gran oscuridad respecto a quiénes somos y por qué estamos aquí, sin embargo,

sabemos que ha de tener algún sentido. Qué puede ser más natural, entonces, que tomar este misterio inefable y disiparlo enseguida al dirigir nuestros actos de heroicidad hacia otro ser humano y conocer de ese modo, día a día, si esas actuaciones son lo bastante buenas como

para ganamos la eternidad. Si no son buenas, sabemos que son malas por sus reacciones y así podemos cambiarlas al instante.

15

Una de las cosas que observamos cuando contem‐ plamos la historia es que la conciencia de la creatura siempre está absorta en la cultura. La cultura se opone a la naturaleza y la trasciende. La cultura es en su intento más heroico la negación de la creaturabilidad. Pero esta negación es más eficaz en unas épocas que en otras.

16

El sexo es del cuerpo, y el cuerpo es de la muerte. Como nos recuerda Rank, este es el significado

del relato bíblico sobre el final del paraíso, cuando el descubrimiento del sexo trae la muerte al mundo. Al igual que en la mitología griega, Eros y Tánato son inseparables; la muerte es la hermana gemela natural del sexo.

17

Como hemos visto  las personas necesitan un “más allá”, pero primero intentan alcanzar lo que tienen más cerca; esto les ofrece la plenitud que necesitan, pero al mismo tiempo las limita y es‐claviza. Podemos ver todo el problema de la vida humana de este modo. Podemos plantear la pregunta: ¿qué tipo de más allá está intentado expandir esta persona y cuánta individuación consigue con él?

18

 

La clave del tipo creativo es que está separado del fondo común de los significados compartidos. En su experiencia de la vida hay algo que le hace ver el mundo como un problema; a raíz de ello tiene que buscarle un sentido personal. Esto les sucede a todas las personas creativas en mayor o menor medida, pero en el caso del artista es especialmente evidente. La existencia se con‐ vierte en un problema que precisa una respuesta ideal; pero cuando ya no aceptas la solución colectiva del problema de la existencia, entonces has de crearte la tuya. La obra de arte es, pues, la respuesta ideal del tipo creativo al problema de la existencia como este lo entiende, no sólo de la existencia del mundo externo, sino en especial de la suya propia: el tipo de persona que es, dolorosamente independiente, sin nada compartido a lo que poder recurrir. Ha de responder a la carga de su in‐

dividuación extrema, de su tan doloroso aislamiento. Quiere saber cómo conseguir la inmortalidad gracias a sus propios dones.

19

Desde este punto de vista, la diferencia entre el artista y el neurótico parece reducirse básicamente a una cuestión de talento. Es como la diferencia entre el esquizofrénico y un Strindberg: uno acaba en un segundo plano, y el otro como un héroe cultural, pero ambos experimentan el mundo de formas similares y sólo difieren en la calidad y el poder de la reacción.

 

20

La religión terapéutica jamás reemplazará a las religiones tradicionales con sus mensajes de judaísmo, de la mayor parte del cristianismo, del budismo y otras similares. Estas sostienen que el ser humano está destinado a su forma presente, que en realidad no puede evolucionar más, que cualquier cosa que pueda conseguir sólo podrá conseguirla desde el interior de su verdadera pesadilla, de su soledad en la creación y de las energías con las que ahora cuenta.

 

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario